| Fotografía: Revista Santuario San Sebastian
Por Valeria Toledo Muñoz | Miércoles 26 agosto de 2026
En Yumbel, una ciudad ubicada en la Región del Biobío, se encuentra San Sebastián. Él es un símbolo religioso de origen romano, que fue traído a Chile por la Corona española. Con el tiempo, sus habitantes comenzaron a venerarlo. El hecho se convirtió en una tradición que bautizó al lugar como la ciudad del santo.
Al final del Santuario San Sebastián, dentro de una cúpula de vidrio. En el centro de todas las figuras religiosas y en el altar más alto, se encuentra una estatua tallada en madera que retrata a un exsoldado romano, con cuatro flechas que hieren su cuerpo. Con más de 400 años, representa al santo milagroso y cobrador que todo el pueblo, peregrinos y visitantes alaban y temen.
San Sebastián fue un soldado romano del siglo III perteneciente a la Guardia Imperial, que se convirtió en un mártir al dar su vida por creer en Jesús. En ese periodo, el emperador era Dios y, por lo tanto, había que venerarlo a él. Como Sebastián no quiso cambiar su postura, lo mataron usando flechas. Con el tiempo, surgió la fe en las personas e hicieron una figura en su honor.
Durante el periodo de la Corona española, los conquistadores tenían la costumbre de venerar a santos para obtener protección. Siguiendo esta tradición, de acuerdo al libro Del fuerte al santuario, el general Martín Ruiz de Gamboa, quien fundó Chillán en 1580, decidió instalar en la iglesia principal la estatua de una figura que reflejaba a un hombre con flechas en su cuerpo. Era San Sebastián. Él permaneció en el lugar hasta 1655, cuando un levantamiento indígena comenzó a atacar a la ciudad. Aquello produjo que los europeos se retiraran de la zona y algunos de ellos se llevaran la preciada imagen al fuerte Yumbel. Allí lo depositan en la actual ermita ubicada cerca de la Copec.
| Fotografía: Reinaldo Muñoz Olave
De acuerdo a Del fuerte al santuario, una vez encontrada la pieza sagrada, comienza la disputa sobre la propiedad del santo entre chillanejos y yumbelinos. Las autoridades eclesiásticas determinaron que su lugar estaba en Ñuble. Cuando vienen a buscarlo desde Chillán, la yunta de bueyes que lo trasladaría no logra moverlo. Sin embargo, los habitantes de Yumbel lo lograron. En esa época se interpretó que “Sebastián quería quedarse”, contó José Luis Roldán, párroco y rector del santuario. Creencia que sigue hasta el día de hoy. “Entonces el que quiera venerar su vida, su santidad, tiene que venir a Yumbel”, reflexionó el padre. Además, considera que comienzan a creer y alabarlo por esa idea.
Todos los años, durante el veinte de enero y marzo, llegan muchas personas devotas hacia San Sebastián. La primera fecha se conoce como el Veinte Grande y la segunda, como el Veinte Chico. Sus orígenes vienen de los campesinos, quienes le pedían al santo que les fuera bien en sus cosechas.
Gente de diferentes lugares, sin importar la distancia, guiada por la desesperación, la fe, la esperanza y la tradición, se encomienda a San Sebastián para que les ayude a solucionar sus problemas o cumplir metas. Debido a que “el Santo hace milagros”, considera, al igual que otros, la yumbelina Nancy Muñoz.
Las mandas se realizan de diversas formas, algunas con más sacrificios que otras. Las personas encienden velas, dan dinero, se visten de rojo y amarillo, los colores de San Sebastián. Incluso caminan largas distancias, como es el caso de María Figueroa. Ella, en su primer pago hacia el santo, recorrió junto a su hija desde La Aguada hasta Yumbel. En el segundo, avanzo de rodillas a “cuero pelado”, por una superficie llena de piedras. Lo importante es siempre cumplir, porque dicen que es “muy cobrador”, comentó Griselda, quien vio a su esposo realizar una manda todos los años. Pero ¿de dónde viene la frase?
San Sebastián cumple, pero solo “intercede ante nuestro padre celestial, porque él es el que hace el milagro”, afirmó Sonia, vendedora de velas. Para algunos, esa es la razón por la cual hay que pagarle al santo. Para otros, son las cosas malas que suceden. Varias provienen de las experiencias de los antepasados, como ocurre con María Elena García. Ella recuerda que su mamá siempre decía: “El santito me está cobrando”, cuando pasaba por algún inconveniente debido a que se demoraba u olvidaba pagarle.
Muchos comprobaron la verdad de la frase a través de sus experiencias. Nancy Muñoz se olvidó de pagar una manda y tiempo después sufrió un accidente automovilístico. Allí se rompió tres costillas. La mayoría de los creyentes se guían por lo que han escuchado de las personas antiguas o lo que dice la gente. Pese a ello, el miedo a que ocurra algo o “pasar lo mismo otra vez”, dijo María Figueroa refiriéndose a situaciones desesperantes por enfermedades de sus hijos, no les permite comprobar la veracidad de la oración.
Es "una suposición social que tiene que ver con una especie de ingenuidad”, reflexionó el párroco respecto al origen de la frase mítica. Considera que Dios no es cobrador y siempre va a proteger a las personas. Por ende, no las castigará. Además, cree que su origen se encuentra en los campesinos.
San Sebastián, el santo cobrado. Es una creencia presente de manera inconsciente en todos los yumbelinos. Quizás sea un mito. Presos del miedo por lo que podría ocurrir, nadie se atreve a enfrentarlo o pagarle. Ellos confían en las experiencias que cuentan las personas, los abuelitos o generaciones pasadas. Es dogmático. Probablemente surgió muchos años atrás, cuando Yumbel era campo y no ciudad. En los momentos en que los campesinos sufrían inconvenientes con sus cosechas y animales. De seguro, con el tiempo seguirán creciendo los peregrinos que lleguen a encomendarse al santo y, con ellos, historias por no cumplirle.
| Fotografía: Municipalidad de Yumbel
Etiquetas: San Sebastían Yumbel Región del Biobío Chile Fechas Figuras