| Fotografía: BBA UNLP
Por Kevin González Campos | Viernes 1 mayo de 2026
En 1889, el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional en París declaró el 1 de mayo como Día Internacional de los Trabajadores, en memoria de los “mártires de Haymarket” en Chicago.
Tres años antes, según una publicación de la Facultad de Educación de la Universidad de Concepción, más de 80 mil trabajadores de todas las fábricas de la ciudad se declararon en huelga el 1 de mayo de 1886 contra las pésimas condiciones que poseían en comparación con otras ciudades estadounidenses.
Sin embargo, una de las reclamaciones más destacadas fue la reducción de las 16 horas diarias de jornada laboral bajo el grito de "ocho, ocho, ocho". Según National Geographic, el significado era “ocho horas de trabajo, ocho horas de dormir y ocho horas de ocio”.
Las manifestaciones perduraron tres días seguidos y culminaron en un acto en la plaza de Haymarket durante la tarde del 4 de mayo. No obstante, en medio del discurso de Samuel Fielden, pastor metodista socialista, anarquista y laborista, alguien entre la multitud arrojó una bomba contra la policía, matando a seis e hiriendo a otros sesenta de ellos.
Tras el suceso, los agentes abrieron fuego indiscriminadamente contra los manifestantes, causando un balance de 38 obreros muertos y 115 heridos en lo que se conoció como la revuelta de Haymarket. Los líderes de las protestas fueron rápidamente detenidos por las fuerzas policiales y ocho de ellos, apodados los “mártires de Haymarket”, sometidos a un dudoso proceso judicial demostrado años después.
Oscar Neebe fue condenado a 15 años de trabajos forzados; Samuel Fielden y Michael Schwab, a cadena perpetua; y George Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons, August Spies y Louis Lingg, condenados a muerte el 11 de noviembre de 1887.
Según Memoria Chilena, las primeras manifestaciones en el país, surgidas en puertos, ciudades y centros mineros, fueron protagonizadas por artesanos y obreros junto a las mutuales como sus primeras organizaciones. Logrando el derecho al descanso dominical, mejoras en viviendas y, durante el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, el establecimiento del Código del Trabajo en 1931.