| Fotografía: Kevin González Campos
Por Kevin González Campos | Viernes 6 febrero de 2026
En 1912, las monjas del Convento de las Agustinas decidieron lotear sus terrenos entre las calles Bandera, Moneda, Ahumada y Alameda para trasladarse a un sector más aislado del centro de Santiago. Sin embargo, para aprovechar mejor el espacio, debido a que la Iglesia de las Agustinas se mantuvo en el sector, se trazaron dos nuevas calles en forma diagonal que dan la forma de “Y” en el medio de esta cuadra.
Los nuevos terrenos fueron adquiridos por diversas instituciones y grupos económicos que construyeron elegantes edificios neoclásicos. Siendo uno de ellos el Edificio Ariztía, ubicado en la intersección entre las nuevas calles La Bolsa y Nueva York.
Financiado por el empresario y político Rafael Ariztía y diseñado por el arquitecto Alberto Cruz Montt, fue pensado para albergar locales comerciales en su base de doble altura y alojar las mejores oficinas en los pisos superiores. Siendo dotado de una calefacción central a vapor e instalando el primer ascensor para un edificio de oficinas.
Sin embargo, su mayor hito fueron sus 52 metros de altura que lo consagraron en 1921 como el primer rascacielos en Santiago y en el país, con un estilo neoclásico dominante en la ciudad, pero influenciado por los grandes edificios de Nueva York.
Hoy en día, el Edificio Ariztía domina el antiguo sector de las Agustinas, hoy conocido como barrio “La Bolsa”, junto a otros inmuebles como el edificio de la Bolsa de Valores, el Club de la Unión y el ex Hotel Mundial, convirtiéndose en un ejemplo vivo del proceso de modernización y expansión urbana en el Santiago de fines del siglo XIX y principios del XX.